Mi zona pélvica es un drama: sangrados anormales, un dolor ridículamente intenso y, como mujer, te recuerdan a diario que este asunto es, simplemente, parte del camino hacia la feminidad.
Como mujer joven, tuve la dicha de dar la bienvenida a mi vida a mi hija y a mi hijo, increíblemente maravillosos. El parto de mi hijo casi nos cuesta la vida. Mi hermoso bebé estaba girado, quedó atrapado en el canal de parto y vino al mundo con mucha violencia. Durante los primeros años de su vida, lloró muchísimo y muy fuerte.
El nacimiento de mi maravilla mundial trajo consigo el desastre necesario. Mi parte íntima quedó destrozada: desgarrada, cortada y suturada. No podía defecar debido al desgarro en mi ano y mi orina corría por mis piernas. Durante mis deposiciones, gritaba de dolor. Temblando, sudorosa y con hiperventilación, mi excremento salía al mundo. Dejé de comer y perdí 20 kilos. Tenía 28 años, era incontinente y estaba exhausta.
La violación que sufrí en mi adolescencia temprana tuvo un impacto enorme en mi salud mental. He pasado por muchísimas depresiones. La lucha contra este dolor se convirtió en mi mayor desafío. Sexualidad, algo se rompe dentro de ti; la espontaneidad desaparece. He tenido un sinfín de conversaciones con psicólogos y, hasta el día de hoy, a veces puedo sentirme abrumada al leer una noticia en el periódico o ver una película. La violencia sexual está presente muy de cerca a diario. A veces resulta paralizante pensar que mis hijos tienen que crecer en el mismo mundo en el que yo crecí.
Además de todo esto, a una edad temprana me diagnosticaron LS. También tuve que vivir veinte años con un útero adenomiótico. Esta es una forma de endometriosis. Aleluya: a finales de mis treinta años, me extirparon el útero mediante cirugía. Gracias a los mejores especialistas, tengo mi LS magníficamente bajo control. He abrazado esta afección con cariño.
No creo que le deba a nadie una explicación de por qué comencé a diseñar mi propia ropa interior. Mi mierda de vulva ha hecho que ahora diseñe y venda la ropa interior más suave y respetuosa con la mujer a mujeres de todo el mundo.
Y todas ellas son mujeres con historias. Historias de dolor, soledad, enfermedad y de encontrar el camino de regreso a una misma. Mi marca Pavone es ropa interior que reúne historias, reconoce afecciones y ve y escucha a las mujeres en lo que necesitan. Mujeres con liquen plano, vulvodinia, incontinencia, eccema, liquen escleroso, cáncer de vulva, colitis ulcerosa, pénfigo vulgar, dermografismo y también mujeres sin estos problemas, pero con piel sensible.
Os veo.
Os escucho.
Os oigo.
Os siento.
Y seguiré haciendo todo lo posible para diseñar ropa interior en la que os sintáis apoyadas en este mundo tan, tan intenso.
